Oratorio Familiar de Nuestra Señora del Valle
Oratorio Familiar de Nuestra Señora del Valle
Alrededor del año 1927 se radicó en esta zona Don Rosario Andrade y su esposa Doña Rita Guzmán de Andrade, trajeron consigo su más preciado tesoro, compuesto de siete hijos y una imagen en lámina de Nuestra Señora del Valle, legada por su madre a doña Rita y cuyo origen data de fines del siglo XIX.
Desde entonces, sin interrupciones, en una mezcla ancestral de espiritualidad y tradición, todos los 29 de noviembre de cada año y durante nueve noches, se reza la novena a la Virgen del Valle, Patrona de Catamarca, concluyendo esta fiesta dedicada a la Inmaculada Concepción el día 8 de Diciembre con una misa y procesión.
Hace ya cincuenta y un años de la desaparición física de Doña Rita a quien le fuera encomendada tan bella misión, de hacer trascender primero a sus hijos y luego a sus descendientes. Estos últimos son depositarios de esa semilla espiritual sembrada cuidadosamente hace más de una centuria.
El oratorio se halla situado en la propiedad que fuera de Don Rosario y su esposa , al pie de la sierra sobre la finalización de la calle Miguel Angel Voccos en Villa Tillard.
Hoy los descendientes de Don Aníbal Rosario Andrade, uno de los hijos de este matrimonio, mantienen en perfecto estado el lugar de oración y lo que es más importante siguen proyectando a través del tiempo esa rica tradición familiar.
Doña Mercedes Muñoz de Andrade, esposa de Don Aníbal, relata: “...mi suegra toda la vida, rezó la novena, de ahí quedó mi cuñada, falleció mi cuñada y la rezamos nosotros…mi nuera”. Comenta que a raíz de una promesa hecha por su esposo a la Virgen del Valle, por una gracia concedida, le construyó en la misma propiedad de sus padres, un recinto exclusivo para el oratorio, aclara que primero fue como una galería y que luego una cuñada la hizo cerrar, porque hasta ese momento la novena era rezada en una de las habitaciones de la casa.
Otra nieta de Doña Rita recuerda con nostalgia que cuando era niña junto a su madre y a una amiguita, adornaban el altar donde a partir del día 29 de Noviembre
comenzaría la novena. Para ello utilizaban papel araña color azul y muchos papelitos plateados de chocolatines y otras golosinas recolectados durante el año, para hacer un efecto de cielo nocturno cubierto de estrellas.
También evoca los momentos previos al inicio de la novena, cuando todos los niños que asistían jugaban a la escondida, a correr “tuquitos” (bichitos de luz ) o a distintas rondas hasta que una voz, decía: ¡vamos a rezar! y todos calladitos ingresaban al lugar a escuchar la novena.
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Municipalidad de Santa María de Punilla. (s.f.). Historias populares cordobesas: Santa María de Punilla, su voz. Santa María de Punilla: Autor. Año 2005