CONSEJO DE ASUNTOS ECONÓMICOS
CONSEJO DE ASUNTOS ECONÓMICOS
El Consejo de Asuntos Económicos Parroquial tiene como objetivo principal ayudar al párroco en la administración responsable, transparente y evangélica de los bienes materiales de la parroquia, para que estos estén siempre al servicio de la misión pastoral y evangelizadora de la Iglesia.
Según el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica, especialmente en el canon 537:
“En toda parroquia ha de haber un consejo de asuntos económicos que se rige, además del derecho universal, por las normas dadas por el Obispo diocesano; en él los fieles, elegidos según esas normas, prestan ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia”.
Objetivos concretos del Consejo
- Colaborar con el párrocoAyuda en la planificación, organización y control de los recursos económicos de la parroquia.
- Velar por la transparencia y la buena administraciónProcura que los bienes e ingresos parroquiales se administren con honestidad, claridad y responsabilidad.
- Sostener la misión evangelizadoraLa economía no es un fin en sí mismo, sino un medio para sostener:
el culto,
la catequesis,
la caridad,
la formación,
el mantenimiento del templo y obras parroquiales.
- Promover la corresponsabilidad de los fielesInvita a la comunidad a comprometerse también en el sostenimiento material de la Iglesia.
- Asesorar en decisiones importantesEspecialmente en obras, inversiones, gastos extraordinarios, mantenimiento edilicio y administración patrimonial.
- Garantizar el cumplimiento de las normas civiles y canónicasAyuda a llevar registros, balances, rendiciones y documentación necesaria.
Espíritu con el que debe funcionar
El Consejo no es solamente un órgano administrativo. La Iglesia pide que trabaje:
con espíritu eclesial,
en comunión con el párroco y el obispo,
con criterio pastoral,
buscando siempre el bien común de la comunidad parroquial.
El Papa Francisco ha insistido muchas veces en que la administración de los bienes de la Iglesia debe caracterizarse por:
la transparencia,
la austeridad,
la honestidad,
y el servicio a los pobres.
Por eso, el Consejo de Asuntos Económicos no administra “una empresa”, sino bienes que pertenecen a la misión evangelizadora de la Iglesia.