NOVEDADES

 

El Diaconado Permanente: un don de Dios para la Iglesia

Un diácono permanente es un hombre que ha recibido el sacramento del Orden en el grado del diaconado y que ha sido llamado por la Iglesia para servir de manera estable y permanente al Pueblo de Dios. A diferencia de los diáconos transitorios, que se preparan para el sacerdocio, el diácono permanente ejerce este ministerio durante toda su vida. Puede ser soltero o casado (si contrajo matrimonio antes de la ordenación).

La Iglesia encuentra el origen del ministerio diaconal en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En los primeros tiempos de la comunidad cristiana surgieron algunas necesidades relacionadas con la atención de los más pobres. Entonces los Apóstoles, guiados por el Espíritu Santo, reunieron a los discípulos y les dijeron:

"No es justo que descuidemos la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Busquen entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y les encargaremos esta tarea" (Hch 6, 2-3).

La comunidad eligió a siete hombres y los presentó a los Apóstoles, quienes oraron por ellos y les impusieron las manos. De este modo nació el ministerio diaconal, como un servicio de amor, entrega y cercanía a las necesidades del pueblo de Dios.


Hoy, después de tantos siglos, la Iglesia continúa recibiendo este hermoso regalo. Por eso damos gracias a Dios por el diaconado permanente de Daniel Nieto Ferreyra, a quien el Señor ha llamado para ser signo vivo de Cristo Servidor en medio de nuestra comunidad. Su ministerio nos recuerda que la grandeza del cristiano no está en ser servido, sino en servir con humildad, generosidad y alegría.

Pedimos al Señor que fortalezca cada día su vocación, que el Espíritu Santo lo ilumine en el anuncio de la Palabra, lo sostenga en el servicio de la liturgia y lo haga siempre cercano a los pobres, enfermos y necesitados. Que, siguiendo el ejemplo de los primeros diáconos, sea un fiel testigo del amor de Dios y un instrumento de comunión para toda la Iglesia.

El ministerio del diácono permanente se desarrolla especialmente en tres ámbitos:

Servicio de la Palabra

  • Proclama el Evangelio.
  • Predica y colabora en la evangelización y la catequesis.

Servicio de la Liturgia

  • Asiste al obispo y a los sacerdotes en las celebraciones.
  • Bautiza, distribuye la Sagrada Comunión y puede presidir matrimonios y exequias según las normas de la Iglesia.

Servicio de la Caridad

  • Promueve y anima las obras de caridad.
  • Acompaña a los más necesitados y hace presente la misericordia de Cristo.

Como nos enseña Jesús: "El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir" (Mc 10,45). Que el ministerio de Daniel Nieto Ferreyra sea para nuestra comunidad una permanente invitación a vivir el Evangelio desde el servicio, la humildad y el amor fraterno.


 

CATEQUESIS PARA LA PRIMERA COMUNIÓN.


Llenar el siguiente formulario.


Este es el formulario de pre inscripción para primer año de  comunión.  Tiempo de inscripción de marzo a junio. Comienzan los niños en agosto.  Por favor leer y completar las opciones con atención. 

INGRESAR DESDE AQUÍ AL FORMULARIO 



FIESTA PATRONAL 2026

Querida comunidad:

En este día de nuestro Patrono, el Sagrado Corazón de Jesús, les deseo una feliz jornada. Que el amor de Cristo reine en nuestros corazones y nos ayude a vivir la caridad, la misericordia, la unidad y el servicio fraterno.

Que el Sagrado Corazón de Jesús bendiga a cada familia y haga de nuestra comunidad un reflejo de su amor.

¡Feliz día patronal!

Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confiamos.



Jesús nos dice hoy: «Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré». Estas palabras parecen dirigidas especialmente a nuestro tiempo. Vivimos en una sociedad cansada: cansada por las dificultades económicas, por las divisiones, por las incertidumbres, por las heridas familiares, por las soledades silenciosas y por la indiferencia que muchas veces enfría los vínculos.

 Por eso, en esta fiesta patronal del Sagrado Corazón de Jesús, el Señor nos invita a poner nuestras cargas en su Corazón. Allí encuentran descanso los que sufren, consuelo los que lloran, fortaleza los que luchan y misericordia los que reconocen su fragilidad. Allí descubrimos que no estamos solos, que nuestras heridas no son ignoradas por Dios y que cada dolor humano encuentra un lugar en su amor.

Pero el Corazón de Cristo no sólo nos consuela; también nos transforma y nos envía. Nos impulsa a ser una parroquia donde nadie se sienta extraño, donde los pequeños sean escuchados, donde los heridos encuentren un lugar, donde los jóvenes tengan espacio para soñar, donde los ancianos sean valorados por su sabiduría y donde cada bautizado descubra que tiene una misión. Así, al acercarnos al Corazón humilde y misericordioso de Jesús, aprendemos a construir una comunidad abierta, cercana y fraterna, capaz de reflejar en el mundo el amor que hemos recibido de Él.



CARTA ENCÍCLICA

MAGNIFICA HUMANITAS

 Del Santo Padre León XIV

Sobre La Custodia De La Persona Humana
En El Tiempo De La Inteligencia Artificial









ORACIÓN 25 DE MAYO DE 2026


Dios de nuestros padres y Señor de la historia, en este 25 de mayo recordamos con gratitud a aquellos hombres y mujeres que soñaron una patria libre, justa y fraterna. Ellos, con valentía y esperanza, dieron los primeros pasos hacia el camino de nuestra Independencia, buscando el bien común y el destino grande de nuestra Nación Argentina.


Hoy también nosotros queremos renovar nuestro compromiso ciudadano. Ayúdanos a no ser indiferentes frente a las necesidades de nuestra ciudad, a trabajar por la verdad, la justicia y la paz, y a construir una sociedad donde nadie quede excluido ni olvidado.

Danos un corazón solidario para tender la mano al que sufre, sabiduría para dialogar aun en las diferencias, y honestidad para vivir con responsabilidad nuestras obligaciones cívicas.

Que el ejemplo de la Primera Junta nos inspire a participar activamente en la vida de nuestra sociedad, buscando siempre la unidad, el respeto y el bien de todos.

Te pedimos especialmente por nuestra Patria: por sus gobernantes, por quienes trabajan construyendo una sociedad responsable y honesta; por las familias, los niños, los ancianos y los jóvenes, para que nunca perdamos la esperanza y podamos caminar juntos hacia una Argentina más fraterna y solidaria.


Que María, Nuestra Señora de Luján, acompañe y proteja siempre a nuestra Nación.

Amén.


MENSAJE EN PENTECOSTÉS

Queridos hermanos:

Hoy celebramos Pentecostés, el día en que el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos reunidos en oración y transformó para siempre el miedo en valentía, el encierro en misión y la tristeza en esperanza. No fue solamente un acontecimiento del pasado. Pentecostés sigue ocurriendo cada vez que Dios derrama su Espíritu sobre un corazón dispuesto a dejarse renovar.


Y creo que esta fiesta tiene para nosotros un significado muy especial como comunidad parroquial, porque también nosotros venimos viviendo un tiempo de escucha, discernimiento y búsqueda común en nuestra Asamblea Parroquial. Hemos intentado detenernos, escucharnos, mirar nuestra realidad y preguntarnos juntos qué quiere Dios de nuestra parroquia para este tiempo.

Eso ya es obra del Espíritu Santo.

Porque el Espíritu no actúa solamente en los grandes milagros visibles; actúa también cuando una comunidad se reúne para dialogar, para escuchar, para dejar de lado intereses personales y buscar juntos el bien común y la voluntad de Dios.


Vivimos en un mundo cansado, herido y confundido. Un mundo donde muchas veces el orgullo nos lleva a competir unos contra otros; donde el egoísmo nos encierra en nosotros mismos; donde la codicia pone precio a las personas y transforma la vida en consumo, apariencia y superficialidad. Y esas heridas también pueden entrar en nuestras comunidades cuando dejamos de escucharnos, cuando aparecen divisiones, críticas destructivas o indiferencia.


Por eso hoy la Iglesia entera clama: “Ven, Espíritu Santo”.

Ven sobre nuestras familias.
Ven sobre nuestros jóvenes que buscan sentido en medio de tanto ruido.
Ven sobre los ancianos que tantas veces se sienten olvidados.
Ven sobre quienes viven agobiados por el cansancio, el dolor o la desesperanza.
Y ven también sobre nuestra parroquia, sobre todo lo que hemos compartido y trabajado en esta Asamblea Parroquial.

Que el Espíritu Santo arranque de nosotros todo aquello que impide caminar juntos:
el individualismo,
la comodidad,
la indiferencia,
las rivalidades,
la costumbre de “esperar que otros hagan”,
el miedo a comprometernos, y también esa tristeza que nos hace pensar que ya no se puede cambiar nada.


Pentecostés nos recuerda que la Iglesia nace cuando hombres y mujeres sencillos se dejan conducir por el Espíritu. Los apóstoles no eran perfectos. Tenían miedo, dudas y límites. Pero cuando el Espíritu descendió sobre ellos, dejaron de vivir encerrados y salieron a anunciar a Cristo.

Eso mismo necesitamos hoy como comunidad parroquial.

No una parroquia encerrada en sí misma. No una parroquia preocupada solamente por conservar estructuras.
Sino una parroquia viva, cercana, misionera y servidora.
Una parroquia capaz de escuchar el sufrimiento de la gente.
Una parroquia donde nadie se sienta excluido.
Una parroquia que acompañe a las familias, a los jóvenes, a los pobres, a los enfermos y a quienes se sienten solos.
Una parroquia donde cada bautizado descubra que tiene un lugar y una misión.

Todo lo reflexionado en la Asamblea no puede quedar solamente escrito en un papel o guardado en un archivo. Tiene que convertirse en vida concreta, en compromiso, en conversión pastoral y comunitaria. Y eso solo será posible si dejamos actuar al Espíritu Santo.


Porque el Espíritu también quiere arrancar de nosotros la superficialidad que nos distrae de lo esencial. Hoy tenemos muchas ocupaciones, mucho ruido y mucha tecnología, pero a veces poco silencio para escuchar a Dios y poco tiempo para escuchar al hermano.



Por eso Pentecostés es también una invitación a volver al centro: a Cristo vivo.

Y así como el Espíritu arranca el pecado y la dureza del corazón, también hace crecer en nosotros sus dones y virtudes.

Donde hay orgullo, Él quiere sembrar humildad para servir.
Donde hay violencia, quiere sembrar paz.
Donde hay indiferencia, quiere despertar compasión.
Donde hay miedo, quiere encender fortaleza.
Donde hay desesperanza, quiere hacer renacer la alegría del Evangelio.

Hermanos, el Espíritu Santo sigue actuando. Sigue renovando la Iglesia. Sigue abriendo caminos nuevos. Y quizás Pentecostés nos está pidiendo justamente esto: dejar de mirar lo que falta y comenzar a descubrir todo lo que Dios puede hacer cuando una comunidad se anima a caminar unida.


Que nuestra Asamblea Parroquial no sea solamente un evento, sino el comienzo de una renovación espiritual y pastoral profunda.

Que podamos ser una comunidad que sane heridas, que tienda puentes, que anuncie el perdón y que vuelva siempre a empezar.

Y que cada uno de nosotros pueda convertirse en una pequeña luz en medio de la noche, no para brillar sobre los demás, sino para que nadie se pierda en el camino.

Pidamos entonces con fe:

Espíritu Santo,
renueva nuestros corazones,
renueva nuestras familias,
renueva nuestra comunidad parroquial,
haznos una Iglesia sinodal, fraterna y misionera,
y renueva el mundo entero.

Amén.


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