Adoraciones Eucarísticas
Adoraciones Eucarísticas
Rezar en la adoración eucarística no requiere fórmulas
complicadas. Lo más importante es ponerse en la presencia de Jesús y abrirle el
corazón. La adoración es, ante todo, un encuentro personal con Cristo presente
en la Eucaristía.
Una manera sencilla de hacer adoración
1. Entrar en silencio
Al llegar, hacer una genuflexión o una inclinación profunda
ante el Santísimo y tomá unos momentos para aquietarte interiormente.
Podes comenzar diciendo:
“Señor Jesús, creo que estás aquí presente. Vengo a adorarte
y a estar contigo.”
2. Adorar
Simplemente contempla a Jesús. No hace falta hablar todo el
tiempo. La adoración también es silencio y escucha.
Podes repetir lentamente:
- “Jesús,
te adoro.”
- “Señor,
te amo.”
- “Gracias
por quedarte con nosotros.”
- “Aumenta
mi fe.”
3. Dar gracias
Recordá los dones recibidos y agradece.
Ejemplos:
- por
la vida y la familia;
- por
la comunidad;
- por
la salud o el trabajo;
- por
el perdón y la misericordia de Dios.
4. Pedir
Preséntale al Señor tus necesidades y las de los demás.
Podes rezar por:
- los
enfermos;
- las
familias;
- los
jóvenes;
- la
Iglesia;
- quienes
sufren o están solos;
- las
vocaciones sacerdotales y religiosas.
5. Escuchar la Palabra
Es muy bueno llevar la Biblia y leer un pasaje despacio.
Algunos textos recomendados:
- Juan
6 (Pan de Vida)
- Lucas
22,14-20 (Última Cena)
- Salmo
23
- Mateo
11,28-30
Después de leer, quédate unos minutos en silencio.
6. Terminar con una oración
Podes concluir con una oración sencilla:
“Gracias, Jesús, por este momento contigo. Ayúdame a vivir
según tu voluntad y a llevar tu amor a los demás. Amén.”
Algunas ayudas para la adoración
También podés rezar:
- el
Santo Rosario;
- la
Coronilla de la Divina Misericordia;
- salmos;
- cantos
suaves;
- oraciones
espontáneas.
Algo importante
No te preocupes si a veces sentís distracción o sequedad. La
adoración no depende de “sentir cosas”, sino de permanecer con Jesús con fe y
amor.
Como decía San Pedro Julián Eymard:
“La adoración es el acto más grande del hombre: reconocer
a Dios como Dios.”
Y San Carlos Acutis decía:
“La Eucaristía es mi autopista al cielo.”

